El ex portero recordó en una entrevista cómo fue su llegada a la U y el momento en que tuvo que despedirse de los azules en 2002.
Fue en 1992 cuando llegó Sergio Vargas a reforzar la Universidad de Chile. Desde ese momento, sin saberlo aún, comenzó a escribir una historia que lo tendría en capítulos dorados para los azules, hasta la actualidad.
Ya alejado de sus funciones como director deportivo, donde salió tras la venta de las acciones de Carlos Heller, el “Superman” recordó sus días cuando decidió venirse a la U, sabiendo que el club no estaba en su mejor situación económica.
“Antes de la consagración en la U, me sirvió mucho mi pasada por Ecuador. Yo estaba en Independiente y quería jugar, Emelec me compró, pero en Ecuador no se jugaba ni entrenaba como lo hacíamos en Argentina. Llegué a Chile con otra mentalidad para adaptarme. Y me encontré con algo menor. En el Sauzal, donde los camarines eran de madera, había un conteiner para utilería, la cancha de entrenamiento y otra de maicillo; nos bañábamos con agua fría. Pero me sentí muy cómodo apenas llegué a Chile. Nunca se me había pasado por la mente venir a jugar acá. Hablé con Gerardo Reinoso, que estaba en la Católica. Me dijo que la U era un club bárbaro, pero institucionalmente con muchos problemas”, comentó Vargas en el diario Las Últimas Noticias.

En ese sentido, el propio portero aseguró no era la mejor propuesta económica que le habían presentado, pero que algo le hizo decidirse por los azules.
“A veces las decisiones se toman con piel, porque si me iba a los números y a lo deportivo, no habría llegado a la U. Pero me dio esa tincada de venir y acá estoy. Treinta años en Chile. Fue la mejor decisión de mi vida y no me arrepiento. Siempre existirá ese lazo con la U. El otro día fuimos con Larrivey a ver a Leonel Sánchez. Larry quería conocerlo”, destacó el ex portero.
Otro punto que tocó fue su salida como jugador de Universidad de Chile, donde se van a cumplir 20 años de aquel alejamiento, donde sentía que podía dar mucho más con la camiseta.
“Me fui llorando. Estaba mal. No quería irme. Pensaba que tenía cuerda para seguir, pero lo acepté y me fui a Unión Española.
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